Leí hace un poco un artículo sobre el teletrabajo, lo beneficioso que era para el trabajador que podía conciliar su vida laboral y familiar en el mismo espacio y a su antojo, lo cómodo que resultaba elegir el horario de trabajo y sentirse rodeado de todas sus cosas; y también los beneficios para la empresa, que gozaba así de trabajadores más felices y que rendían más.


Durante muchos años años ese es el trabajo que he estado realizando, y os digo, es una mierda, así de claro. En el teletrabajo nunca acabas de desconectar, y acabas sin tener un espacio que sea verdaderamente tuyo, ya que todo se ubica en tu propia casa. Atiendes tus asuntos personales y laborales a la vez, y aunque no tienes horarios, o al menos entre comillas eso es lo que parece, cuando te das cuenta son las tantas de la tarde, tienes tareas por hacer, pero el día se acaba y tienes que atender tu casa. Cómo ves, no todo son ventajas, aunque sí que las hay, depende de tus circunstancias.
Sin embargo, tengo un amigo que me ha confesado una cosa, y eso me ha hecho pensar. Resulta que Pedro, mi amigo, me vino el otro día con la historia de que él y su mujer estaban haciendo vídeos porno XXX; me quedé de piedra, porque Loli, su mujer, es una mujer bastante noña que siempre me ha parecido que debía ser bastante aburrida en la cama, y no me la imaginaba yo en estas vicisitudes. Pero está claro que uno no acaba de conocer nunca realmente a otra persona.
Pues resulta que Pedro lleva ya una buena temporada en paro, y con su mujer tienen un par de críos todavía pequeños. Aunque su ritmo de vida no se ha visto exactamente deteriorado, sí que han ido recortando de aquí y de allí lo que han podido, pero se daban cuenta de que cuando a mi amigo se le acabara la prestación por desempleo, la cosa podía ir a peor. Una noche, mientras miraban una peli de porno amateur, a él se le ocurrió una idea, porque había visto en una web xxx de esas que le gustan tanto que había cierto concurso de grabaciones amateur donde daban un buen pellizquito si ganabas; y así se lo dijo a su mujer.


Loli puso el grito en el suelo, por supuesto, y se negó de plano; pero Pedro no se rindió, y aprovechando un día en que se duchaba, le hizo a escondidas unas fotos caseras, y las mandó a un portal de maduras xxx; tuvieron un éxito del carajo, porque la verdad es que ella está de muy buen ver, las cosas como son. Cuando Pedro vio la cantidad de visitas y comentarios positivos que tenían las fotos, se lo enseñó a Loli, y por ahí pudo convencerla de grabar su primer vídeo casero porno.
Y por fin, y ahí es donde quiero llegar, sin proponérselo se han convertido en todos unos pornstars amateur; Pedro me confesó que estaban ganando un buen dinero, tanto que se había hecho autónomo, y que se estaba de puta madre haciendo lo que te gusta y que encima te pudieras ganar la vida con ello, y muy bien ganada. Y tiene razón, la verdad, es todo un chollo.
Por eso me pregunto si no será que mis reticencias hacia el teletrabajo no serán porque me he equivocado claramente de ocupación. ¿Cómo me iría a mí la vida si me dedicara a grabarme cada vez que me tiro a mi novia y después vendiéramos nuestros vídeos en internet? Sería cuestión de proponérselo, no creas, aunque ella, a pesar de ser muy moderna, es bastante reticente a eso de magrearnos en público, y puede que pusiera sus reparos; claro que si mi amigo pudo convencer a la pazguata de Loli, ¿por qué no iba a poder yo convencerla a ella?


Pero tengo que confesar que no me considero tan echado palante como Pedro; seguramente yo tampoco tendría el desparpajo para sentirme cómodo delante de un objetivo mientras follo. Pero ojo, ese es un problema personal; nada impide que otros más lanzados que yo puedan hacerlo, y según el ejemplo de mi colega y su mujer, está claro que ser valientes para hacerse una grabación de porno casero es un negocio que vale la pena tener en cuenta.